Meditación Soleada de Juan Arnau
- Nuno de Oliveira

- hace 2 días
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Juan Arnau, filósofo, valenciano, astrofísico, viajero mental y trotamundos. No sabría decir con qué epíteto se identifica más. Cuando hablas con él, un poco de cada uno de estos aspectos salta a la vista. Juan vino recientemente, aquí a Asturias, Oviedo, a la Casa del Yoga en calidad de filósofo a enseñar un poco sobre lo él llama la solución India para lo que Fernando Savater llama en un recomendable libro las “Preguntas de la vida”.
Una de las propuestas de la India es la de ir lentamente deshaciéndote de las etiquetas o capas (Koshas) que uno se va poniendo desde el día en que nació, pudiendo así acceder a su verdadera naturaleza, el centro de todo, el origen (atman) que es precisamente el título de su último libro (Atman, presencia del origen). Siguiendo este pensamiento, tendría que quitar a Juan los epítetos que arriba le puse. Sin embargo, es un hecho que necesitamos esas referencias para viajar en este mundo de símbolos cargados de imaginación.
De todas las propuestas de Juan, el filósofo, la que más me gusta es la de la meditación soleada (otro libro recomendable).
La meditación soleada es una meditación horizontal. El santo occidental mira a lo alto, al dios celestial y trascendente. El santo hindú cierra los ojos y mira al interior, al origen, al dios fuente y manantial. La meditación soleada mantiene los ojos abiertos y contempla su rededor, pero de un modo particular. Ofrece la posibilidad de un imposible que en ocasiones sucede: limitar la percepción a la mera percepción, olvidando incluso las palabras que nombran aquello que vemos.
Página 13-14, La meditación soleada, Juan Arnau
Uno camina lentamente, receptivo, disponible, como un río de aguas calmadas. Vas del pasado hacia el futuro acumulando momentos presentes. En esta deambulación esperas que un rayo te atraviese. Un momento de lucidez, una experiencia de presencia (o del origen), un lugar sin tiempo. El rayo que cruza el río. El divino está en la relación.
Esto es posible cuando uno se da cuenta de que somos seres mentales (habla mucho de una cultura mental). Las cosas más importantes que nos suceden son de la misma materia que los sueños: nuestras emociones, lo que proyectamos e imaginamos, la frustración de lo no alcanzado, la alegría del logro. No es el objetivo alcanzado que nos hace sentir poderosos, es la alegría que sientes cuando tal sucede. Lo fundamental es invisible (recordad el Principito).
Esta mente de la cual estamos hechos tiene los mismos ingredientes que todas las mentes del mundo: percepción, deseo, memoria y lenguaje. Así Arnau afirma que vivimos dentro de una mente diáfana, vivimos en la mente del mundo. Nuestra mente individual es un remolino en esa mente extendida que muchas veces se atribuye demasiada importancia.
Todo este pensamiento tiene una referencia en las filosofías indias (budista e hindú). Pero Arnau ha creado una forma de expresarlo que permite a uno mirar al mundo desde otra ventana, por donde entra un aire más fresco y te permite vivir una vida más serena.





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